jueves, 29 de noviembre de 2012

Soledad


La soledad es algo asi
como buscar y no tener con quien estar,
la soledad es algo asi
como querer y no saber por que llorar,
es un amante en el anden
que mueve el brazo tras el tren
como intentando dibujar su soledad.
Es ver la lluvia descender
sobre la calle y no tener,
ninguna historia que contar ni que olvidar
es como andar sin conocer,
ningun lugar donde dejar
a que descanse alguna vez…
la soledad.
Mi soledad tiene el color
obscuro y triste del amor que no duró,
un vano intento de vivir
una sonrisa que una mueca me dejo,
soy ese amante del anden
y muevo el brazo tras el tren
como intentando dibujar mi soledad.
Bajo la lluvia tengo sed
de ir a buscarte más allá,
para que puedas conocer mi soledad
y sigo andando sin tener
ningún lugar donde dejar,
las hojas secas de la fe…
mi soledad.
Y la noche se inundo de lagrimas que esperan el amor
Pero como llevarme bien
Con las extrañas incorporaciones
Después de un abandono definitivo
Tan fácil pareciera la desconexión,
las caras no son polvos en el piso.

La ciudad se quedó a oscuras.
Caminó lentamente, de regreso a casa, con miedo de tropezar.
De nuevo en su habitación: apática, sombría y solitaria.
Volvió a llorar; sin saber la razón de esa maldita tristeza que no la dejaba en paz.
HACIA MUCHO TIEMPO QUE NO LLORABA…

Cuentos Cortos para Adolescentes con Miedos II


Pero ahí no acaba, digo, al final la basura siempre tarda años en descomponerse aunque, eso queda claro, no somos basura, solo tardamos días hasta que de la nada… ¡Ploop!, ya no estamos. Como los floristas o los hombres que compran flores para sus mujeres, nos vamos, desaparecemos, de la nada ya no estamos… Simplemente ¡no estamos!
Sigo, esta, pero esta esta chica, Johanna, morena, cabello ondulado de cómica silueta.
Ella, si, Johanna, compraba flores, no, compraba una flor cada martes en la tarde. En las mañanas estaba trabajando y odia el centro los lunes, asi que iba los martes.
Garmenias, Hervenias, algo de eso eran esas flores, ella, compraba solo una, nada más, blanca.
Para el jueves no valia ni una margarita de la plaza, de cualquiera, esta vez… Se marchitaba rápido, porque estaba sola, era una única flor en un único florero en la mesita de la sala de la casa de Johanna.
Para algunos las flores tardan más en marchitarse cuando están acompañadas de otras flores pero, eso es mentira, ¿sabes por qué? ¡Son flores!, ya están muertas, son como nosotros, arrancados de nuestros arbustos y puestos a la venta.
Ellas, las flores, ya están muertas, solo, se marchitan a medida que pasa el tiempo, como nosotros, nacemos hermosos, maduramos y la soledad poco a poco nos marchita, volviéndonos feos, arrugados y luego terminamos en una bolsa de plástico.

Te escribí algo que jamas leerás.

No porque no quieras, sino porque no es lo que deseo.
Si bien escribo para ti ciertos versos, no significa precisamente que sean para ti.
Me gusta dejar las cosas así, tu sabes, no siempre es bueno que alguien lo sepa todo.

A nadie le importa.


Porque a nadie le afecta.

Más fácil que respirar y sin embargo no todos lo logran.

Cuentos Cortos para Adolescentes con Miedos.



Esta este chico.
Vende flores en un puesto del centro.
Un día, muere. Nadie preguntó por él.
¿A quién ha de importarle un hombre que escoge flores para las mujeres de otros?
Y aun, si así fuese, nadie nunca pregunta por aquellos quienes le sirven.
¿Por qué habrían de hacerlo?
Digo, era solo un tipo que trabajaba en el centro, en la plaza, como unos 30 más.
Volviendo, a nadie le interesa saber la vida de quien le sirve.
¿Por qué habría de hacerlo?, digo, solo notaras que ya no te sirve. 
Eso somos, humanos, simples artefactos y ni tan necesarios… Usados hasta que nos dañamos y al final… Reemplazados.